“Llegué a pensar en cómo iba a volver a jugar, que no podía”. Con esas palabras, Gastón Córdoba sintetiza el momento más delicado de su carrera reciente, marcado por el miedo, la incertidumbre y una larga rehabilitación que puso a prueba no solo su físico, sino también su fortaleza mental.
El calvario para el nacido en Freyre comenzó en mayo de 2025, en un duelo entre San Lorenzo e Independiente de Oliva que cerraba la fase regular. En una acción de juego, el alero recibió un fuerte golpe en el rostro que lo obligó a abandonar la cancha. Los estudios posteriores arrojaron un diagnóstico complejo: desgarros y multidesgarros, desprendimiento parcial de retina y una fisura en la conjuntiva del ojo izquierdo.
La gravedad del cuadro derivó en una operación de urgencia y en dos meses de reposo absoluto hasta recibir el alta médica. Sin embargo, cuando parecía que el peor tramo había quedado atrás y Córdoba retomaba la actividad de manera progresiva, volvieron las complicaciones. Una nueva intervención quirúrgica lo dejó fuera del inicio de la temporada y reabrió un proceso de recuperación que se hizo cuesta arriba.
“La verdad es que me costó la rehabilitación más que nada desde lo personal. En las primeras semanas de entrenamientos tuve miedo al contacto, a que me vuelvan a golpear. En algún momento llegué a pensar que no podía volver a jugar, pero lo seguí intentando y de a poco se me fue yendo el miedo”, relató el jugador de 31 años, poniendo en palabras una etapa cargada de angustia.
La vuelta
Con el correr de los entrenamientos y el respaldo del grupo, el surgido de 9 de Julio Olímpico fue recuperando sensaciones. “Adaptarme al equipo y a la idea de juego no me costó porque ya conocía el estilo del entrenador de mi paso por San Lorenzo. El equipo me ayudó mucho. Lo más difícil fue sacarme el miedo al golpe y al roce y aprender de nuevo a jugar suelto, pero hoy lo pude superar y estoy contento de haber dejado atrás esa etapa dura”, explicó.
Hoy, ya plenamente insertado en el equipo, Córdoba promedia 20.5 minutos por partido, siendo uno de los jugadores con mayor presencia en cancha del conjunto marplatense, y sostiene un 40% de efectividad en tiros de campo, números que reflejan su recuperación y su importancia dentro del equipo.
Peñarol tuvo un inicio irregular, pero fue creciendo con el paso de las fechas y actualmente ocupa la novena posición con un récord positivo de nueve victorias y siete derrotas. “El balance es bueno. Nos acompaña el récord y, si bien dejamos pasar algunas chances, seguimos en una buena posición”, analizó.
Mirando de reojo la clasificación a la Copa Islas Malvinas (la disputarán los cuatro mejores equipos al finalizar la primera rueda de la fase regular), Córdoba fue categórico en cuanto a los objetivos del equipo: “Nuestro objetivo principal es estar entre los 12 mejores y clasificar a los playoffs. Vamos por buen camino, demostramos ser un equipo competitivo que le puede ganar a cualquiera y vamos a seguir buscando escalar posiciones”.
Peñarol iniciará su camino en este 2026 el próximo lunes, cuando visite a Argentino de Junín, con Gastón ya definitivamente de regreso, dejando atrás el miedo y reafirmando su lugar en la elite del básquet nacional.